Disfrutando al Perú, los peruanos y las peruanas, en particular.
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Viernes, 27 de junio de 2008
Por : CESAR HILDEBRANDT
Diario La Primera. Viernes 27 de junio del 2008.
La única conquista que no deja penas ni muertos en algún campo de batalla es la conquista de la sabiduría. La frase se le ha atribuido a Napoleón Bonaparte –alguien de cuya sabiduría dudó mucho, como se sabe, el muy irlandés duque de Wellington– pero es, más allá de su origen borroso, una de las que mejor expresa qué puede significar derrotar a la ignorancia.
En el Perú, todos los indicadores estadísticos y sociales apuntan a que en la lucha en contra de la ignorancia (madre de la sumisión sin vergüenza, tía abuela del ridículo, hermana de la pedantería) ya hemos perdido varias guerras del Pacífico.
La ignorancia es, entre nosotros, un valor en alza, una denominación de origen que debiera ser objeto de patente. Hay una ignorancia internacional cada vez mejor vista, es cierto, pero la que suda el peruano promedio de hoy parece tener un brillo especial y un componente nativo digno de un ensayo aparte.
¿Nos viene de lejos la ignorancia o es el fruto reciente de la desaparición de la clase media y sus valores? ¿Qué tipo de geológica desdicha hizo que la derecha peruana pasara de Riva Agüero a los hermanos Agois, de Prado a Fujimori? ¿Qué lupus institucional puso a Velázquez Quesquén en vez de Heysen y a Aurelio Pastor en reemplazo de Townsend? ¿Y qué velorio masivo tuvo que ocurrir para que a José Carlos Mariátegui le sucediera nadie?
La ignorancia peruviana sombrea los periódicos, es la mayor accionista de la TV, se desgañita en las radios, discursea en el Congreso y parece ser un curso obligatorio en la mayor parte de las universidades que cundieron como el dengue hemorrágico cuando Fujimori decretó que la estupidez y el sueño del lucro fácil se juntaran en académico amancebamiento.
De la ignorancia pasmada vino Gilberto Siura. En la ignorancia atorrante milita Saravá. En la ignorancia de buen ver dormita Jaime de Althaus. A la ignorancia escotada llegó la Chichi. Y en la ignorancia armada retoza el general Donayre.
Y la ignorancia siempre nos asombra con sus nuevas fórmulas y sus descaros imaginativos.
El miércoles último, por ejemplo, una supuesta universidad de cartón-piedra y Tongos catedráticos publicó, en la página 11 del diario “Correo”, un comunicado que sólo puede haber sido escrito por gente previa a Gutenberg.
Esta “entidad cultural” que imparte enseñanzas que no posee y entrega títulos temerarios “a nombre de la nación” es una que se hace llamar “Universidad Los Ángeles de Chimbote”. Imagino que en los Estados Unidos, un país cuya ignorancia en materia de literatura no dejó nunca de sorprender a Borges, habrá una “Universidad Los Ángeles de Charlie” a imagen y semejanza del claustro chimbotano. Y supongo que de allí saldrá el mejor hembraje para el casting de las peores películas B.
En fin, que la “Universidad Los Ángeles de Chimbote”, como decía, denunció en su considerable aviso pagado que un remedo suyo pretende confundir a la clientela portuaria usando un alias de persona jurídica sospechosamente parecido al suyo. Este clon delictivo –sostuvo– se hace llamar “Universidad Privada Los Ángeles”, y/o “Empresa Universidad Los Ángeles S.A.”, y/o “Empresa Universidad Los Ángeles S.R.L”.
¡Tres personas (jurídicas) distintas y un solo fraude verdadero! ¡El negocio de condecorar a la ignorancia con títulos impresos en cartulinas doradas se libra en guerras mafiosas! En el aviso de marras, este azangarismo “de estudios superiores” era enérgicamente tildado de fraudulento por la única e irrepetible, la sin par y sin filiales “Universidad Los Ángeles de Chimbote”.
El problema es que para plantear su alegato de autenticidad, dicho “centro de estudios” le enrostró a su malicioso clon comercial el hecho de ser una “seuda universidad”, cómica concesión de género que ignora que el elemento compositivo seudo viene del latín tardío pseudo y éste del griego pseudes (“falso&rdquo
, vocablo originado en la fórmula verbal pseúdein, que significa mentir, timar, engañar. Seudo (o pseudo) no admite, pues, una versión en femenino y es, además, partícula inseparable de la palabra que califica. Por lo que escribir “seuda universidad” es doblemente neanderthal. O es “seudouniversidad” o son seudoautoridades académicas las que firmaron esa miseria de lenguaje.
Y no se trata de un error de imprenta. La dicha universidad llama tres veces “seuda” a su rival de amores de matrícula. Con lo que no sabemos si se trata de un “pseudocomunicado” proferido por la competencia con afanes calumniosos o de la “pseudogramática” que discurre en las aulas de esta casa matriz tan chimbotana como funcionalmente analfabeta.
La “Universidad Los Ángeles de Chimbote” denuncia, en otro párrafo, el “contuvernio” (así, con V de venal) de su perversa universidad gemela con “algunas malas autoridades políticas y judiciales”. Claro que no dice nada de su propio contubernio con el ejercicio de la trata de diplomas profesionales.
Porque eso sí: esta joya de la cultura peruana fujimorista se encarga de enterarnos a viva voz que ella sí cuenta con la autorización de la Asamblea Nacional de Rectores, la bendición del Consejo Nacional para la Autorización y Funcionamiento de las Universidades y la confirmación en eco de sus derechos judiciales, saneados en varias instancias de la judicatura chimbotana.
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Miércoles, 25 de junio de 2008
Luego de probar la torta futbolera, Arturo Woodman resolvió que él bien podía reemplazar a Burga al frente de los negocios con la FIFA. Arduos meses consumió empujando pero no pudo. Y como no pudo, el domingo pasado se abrazó con almirantitos y coroneles, y tomó por la bruta la Federación de Atletismo. Cusicanqui pagó pato de la impotencia de un mequetrefe.
Un diario local, cada vez más local, descubre en las obsequiosas encuestas de un agencia turiferaria, que el mayor problema para el desarrollo nacional es Burga y así lo proclama en su cotizadísima primera plana. Que la teoría del Perro, suscrita por el cerdo, aglomere desprecios en el 90% de la población del sur es noticia de media mampara, apta para sus avisos clasificados de relax pero no para un titular.
El cerdo, en la puja habitual por realzar su oligofrenia, no reprende a su Presidente del Consejo de Ministros, no abofetea a su ministra del Interior, esa estúpida. Desciende a los páramos de la ramplonería y acusa de cobarde a un policía. El que es tan valiente, él que es tan corajudo. Qué tiempos aquellos cuando tan sólo insinuaba ejecuciones, y corriendito salía Giampietri a bombardear el Frontón con la Armada de Grau.
En el Perú la responsabilidad siempre está en otro lado. A falta de cerdo culpable, bueno es el chivo expiatorio. Reconocer alguna pequeñísima fracción de incompetencia o impericia nos provoca padecimientos que no podemos sobrellevar. Son tan escasos o singulares nuestros atributos, que comete suicidio quien no defiende su lustre. No es remordimiento, es purito instinto de conservación.
“Los blancos son los culpables” acusó Humala desde San Borja. “Los patrones son los culpables” replicó el cerdo desde Chacarilla. “A por ellos” zezeó el Chemo. Todos con parejo resultado: transferir al limbo la responsabilidad de nuestras pobrezas, que siguen siendo varias y siguen siendo extremas.
El dedo índice es el arma que con mejor rapidez desenfundamos; pero sus balas son de salva, su filo de algodón. Porfiamos en la lápida pero nos esmeramos en que el nicho permanezca vacío. “O se van ellos o me voy yo” tronó valientísimo el lechón; “Que se vaya Juárez porque no me puedo ir yo” gimotea el cerdo. Dos tiempos para una misma decrepitud; dos proclamas para una país atestado de culpables sin un solo condenado.
El culpable Joy Way prepara sus maletas para recoger sus 70 millones de dólares en Suiza. El culpable Hermoza Ríos sigue cobrando el sueldo de General que puntualito le paga el inocente de Antero Flórez Araoz. La culpable ministra del Interior, esa estúpida, sigue organizando ilicitaciones de media noche. Da que hacer que con tan buena vida que se dan los culpables en nuestro País, los peruanos insistamos en echarle la culpa siempre al del frente.
Gualgayoc, 24 de junio del 2008.
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Martes, 17 de junio de 2008
Conocí a Carlos Culquichicón en una conferencia acerca de productividad. Hasta entonces conocía de sus devociones por el rock y la coprolalia; reconocía su avaricia para los grados académicos y lo asumía como compañero de carpetas desde el nido hasta la universidad. La foto es más que elocuente.
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Viernes, 30 de mayo de 2008
Escribe: CESAR HILDEBRANDT
Diario La Primera, viernes 30 de mayo.
Pensar en grande tiene sus problemas. Y es que a veces, de pensar tanto en grande, alguien puede estar interpretando el arte de la megalomanía, un modo constructivista de hacer política y de quererse que los psiquiatras no entienden y tratan de calmar (injustamente y de pura envidia) y los humoristas remedan con crueldad (sin tener idea del daño que hacen a la salud de nuestras repúblicas).
La megalomanía es enamorarse de sí mismo a tal punto que hay un momento en que el amante no puede más y se casa consigo mismo, en una ceremonia de autofagia y desdoblamiento que sería la gozada de cualquier sacerdote del vudú. Ese es un matrimonio blindado, invulnerable a las tentaciones y sin escapatoria. Es el amor de a dos en una sola persona. Es la autoestima edematosa pero todavía sana que se lleva al altar. Eso es pensar en grande respecto de uno mismo.
Algunos científicos, equivocadamente, han tratado de emparentar esa idolatría de espejo y autoconocimiento con supuestas tinieblas de la mente y han sostenido que la megalomanía debería de llamarse “manía de grandeza”.
Otros, más avezados todavía, han descrito la manía en términos abusivamente generales, de modo que pudieran ofender a quienes gozan de una perfecta salud mental. Así, por ejemplo, el llamado “Diccionario de Medicina Oxford-Complutense” describe la manía en los siguientes términos:
“Estado mental caracterizado por una alegría y actividad excesivas. El estado anímico es eufórico y hay cambios rápidos hacia la irritabilidad. El pensamiento y el lenguaje son rápidos, hasta el punto de que hay incoherencia, y la transición entre las ideas puede ser imposible de seguir. El comportamiento también es hiperactivo, extravagante, con formas agresivas e incluso violentas. El juicio está alterado y el propio individuo puede ser víctima de sus propios actos. El tratamiento, generalmente, requiere medicación, como litio o fenotiacinas, y la atención hospitalaria, con frecuencia, es necesaria”. (Página 498, edición del 2001). En la cúspide de los despropósitos está la definición que hace esa enciclopedia de la megalomanía: “Ilusiones de grandeza, como creerse Dios, o un rey, etc. Puede ser un rasgo de esquizofrenia, de enfermedad maníaca, o de sífilis cerebral”.
¿Alguien en el Perú de hoy podría, acaso, aceptar esa definición cargada de mala fe? ¿No demuestra la cita que acabamos de hacer que el imperialismo inglés, en sociedad esta vez con la débil cultura hispana, es también académico, cuando no clínico?
Es más, la mala uva trasatlántica dedicada a desprestigiar a personajes que la decadente Europa ya no puede tener, llega a decir, simplistamente, que “la manía es un desequilibrio mental caracterizado por la excitación” (Diccionario de Psicología de Howard Warren, Fondo de Cultura Económica).
Yen el colmo del empirismo difamador, se describe en ese libro varios supuestos tipos de manía: la crónica (que conoce de capítulos largos), la persecutoria (“el descubrimiento permanente de fuerzas hostiles&rdquo
, la homicida (que no necesitamos explicar), la de grandeza (ya descrita en el aparte de la manía puramente entendida), la ambulatoria (propensión a mudar de escenario constantemente) y aun la perversamente titulada manía coreográfica (descrita como la supuesta perturbación que lleva “a actividades semejantes a la danza&rdquo
.
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Lunes, 19 de mayo de 2008
Escribe: CESAR HILDEBRANDT
Diario La Primera. Lunes 20 de mayo.Como muchos de ustedes ya saben, la editora de la Sección América del “Wall Street Journal”, Mary Anastasia O’Grady, le ha hecho, en días pasados, una entusiasta entrevista al presidente del Perú.
Que la señorita O’Grady esté doctrinariamente enamorada del doctor García –él también tiene altas cualidades–, no es cosa que me sorprenda. ¿Cómo no embelesarse con un titán de la palabra que ayer fue socialdemócrata y hoy es socialcualquiercosa? ¿Cómo no regocijarse con un líder que antes preocupaba a la Rand Corporation y que hoy podría estar en su planilla? Los conversos tienen un atractivo especial para quienes profesan las ideas que los conversos terminan aceptando. Eso, además de un reclutamiento, tiene un aire de perversión.
Como sea, la señorita O’ Grady apuesta por García y advierte que “después de esta entrevista puedo asegurar que García se aferra firmemente a los principios en los que dice creer”.
Lo que equivale a decirle a la comunidad financiera internacional: “No es un episodio de locura bipolar. García es de los nuestros”.Para “The Wall Street Journal” eso de “los nuestros” significa una sola cosa: Ningún “nuestro” hará algo que pueda irritar a J.P. Morgan, Casa Blanca, Colgate-Palmolive, Texaco, Departamento de Estado, British Petroleum o Pentágono. Eso es ser “nuestro” en el periódico que hoy está en manos de Rupert Murdoch, el magnate de la prensa corporativa y la rabona de las guerras de Bush.
Lo que quiere decir también que García ha hecho muy bien su tarea y está volando muy alto en la esfera del arribismo global. Tenemos que reconocer que ni Uribe se le aproxima en este arte del buganvilismo clueco. Y esto que Uribe hace lo imposible por ser el favorito y llega a ser tan pobre diablo que envía donde los jueces norteamericanos a los archiasesinos paramilitares tan amigos de su entorno -¡renunciando al derecho de Colombia a tener Poder Judicial!-.
Pero volviendo a García: en el artículo que lo consagra como uno de los divos ultraliberales que Susana de la Puente invitaría a cenar, el presidente del Perú habla “de los últimos diez años” de exitosa política económica, lo que supone su primer paso hacia la confesión sincera y la colaboración eficaz. ¡García terminará admitiendo su fujimorismo masoco, así como Haya terminó en cuchipandas con el general que ordenó matarlo y hasta con el Cayo Mierda ese que era el mandamás de su policía!
En un momento de la entrevista, la señorita O’Grady le pide al doctor García que le explique el porqué de su cambio de camiseta (“de populista de izquierda más notorio de los años 80 a defensor actual del libre mercado&rdquo
Esta es la fascinante y textual respuesta:
“Primero, más que leer uno tiene que ver la realidad y esta realidad es lo que ha cambiado. Hace 25 años el mundo se dividió en dos y lo que no existía era la extraordinaria revolución en las comunicaciones y la informática, que es la base de todo cambio en el mundo económico actual y del cambio en nuestras ideas. Internet, el dinero electrónico, la apertura económica sin fronteras, esto es lo que ha impulsado el cambio de pensamiento. Esta nueva realidad exige que no nos opongamos a la ola de globalización sino que la aprovechemos a favor de la sociedad”.
¿Alguien puede citarme un ejemplo mayor de sancochado mental? El desafío está abierto. García confunde casi todo. ¿Quiere decirnos que su pase al club de Milton Friedman es reponsabilidad de Bill Gates? Sí, eso parece. Pero lo cierto es que la intercomunicación mundial es algo muy diferente a eso que García llama “ola de globalización económica”. ¿Qué tienen que ver el dinero electrónico con la cláusula lesiva a la agricultura peruana que García ha firmado en el TLC con los Estados Unidos? Nada. ¿Y es que el panimperio romano necesitó del Internet para aspirar a la unanimidad? ¿Es que García, para completar su faena de mutante neocon ha optado también por una especie personal del “pensamiento débil”? ¿No entiende que el Internet puede ser maravillosamente diferenciador mientras que la globalización made in USA viene de la inexorable y anticuada ambición de un imperio que repite lo que intentaron todos los imperios?
García también confirma –y esta sí que es una primicia dedicada a la señorita O’Grady– que se viene un abaratamiento del despido laboral. Y suelta este rollo astuto: si las empresas modernas están condenadas a la inestabilidad (o sea, a la muerte súbita) cuando no se modernizan, ¿por qué a los trabajadores no les debería suceder lo mismo?
Esa será “la primera reforma de segunda generación” del Estado, la que claman desde hace tiempo la Confiep, Vega Llona, Carlitos Adrianzén, Verónica Zavala y, por supuesto, Otto de Habsburgo (o lo que quede de él).
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Jueves, 15 de mayo de 2008
Escribe: ALFONSO CHUNGA RAMIREZ
La Industria, Trujillo. 15 de mayo de 1983
Invierno que parece un soplo
cogerse de las manos y no sentir frío,
no sentir frío sino hambre,
no sentir hambre sino sed y
ganas de llorar por estatristeza que se agolpa a veces
como un valle enorme y silencioso.
¡Camarada, he aquí mi mano!
Te doy mi cariño, más precioso que el dinero.
Te entrego mi ser, en vez de darte
Prédicas o ley.
Walt Whitman
Hablar de un guerrillero en estos días podría resultar inconveniente. Hablar de realidades nacionales, de los desparpajos gubernamentales y de las miserias populares a propósito de ese mismo guerrillero, podría ser ya bastante inconveniente. De a poco poquito y en línea proporcional a la depredación nacional, el nuestro ha venido convirtiéndose en el país de las inconveniencias. De algún modo u otro, algunos de los algunos nos la pasamos cometiendo diarias imprudencias, impertinencias; inconveniencias en general; todos los algunos, salvo los convenidos claro está.
Tú, por ejemplo, nunca fuiste un convenido, y quizá por eso resultaste tan inconveniente.
Hace más de veinte años que ciertas balas con humor de petróleo y latifundio, ansiosas ellas de inconvenientes, hicieron estallar la juventud y la franqueza de tu vida para que a cada peruano nos toque una porción de remordimiento y coraje. Hoy serías un cuarentón como tantos apaciguados verbolarios y probablemente almacenarías una abundante colección de premios poéticos.
Aún hoy seguirías brindando lecciones de patria, amor y poesía a Lévano, a Corcuera, a Cisneros; tan opacos, tan franceses y tan revolucionarios todos ellos desde cuando el destino y tu convicción decidieron acabar con el malabarismo ideológico y darle a nuestro desgraciado pueblo una de esas lecciones de heroísmo que siempre ha estado necesitando.
Bertold Brecht decía que un pueblo que necesita de héroes es un pueblo desgraciado. Afirmación extraña. Después de todo, que sería de nosotros los peruanos si no tuviéramos a Tupac Amaru, a Alfonso Ugarte, los Hermanos Albújar y tantos otros. Afirmación extraña parece, pero es allí cuando uno se choca con que la vida se te escapaba de la vida, con que un río inmenso se humedecía de llanto con tu gloria, con que el otoño es una pena y un amor y un pueblo invencible que te brotan de las manos; y es entonces cuando uno se choca con que en el Perú a los inconvenientes como tú se les mete bala y punto, y como que uno comprende que bien desgraciado debe ser un pueblo para que deje matar a jóvenes como tú y se quede así de tranquilo como se quedó.
Señor, abre tu puerta.
Señor, abre tu corazón
Que ha llegado ya
El hombre de los mares.
Gabier eró – 1960
Han pasado veinte años desde la tarde cuanto tu poesía se nos escurrió por una de las abundantes esquinas de la barbarie. Veinte años son veinte años y parece que aún no son suficientes. A pesar del canto y desencanto populista; tras la estafa reformista y habiendo reincidido luego en la demagogia oportunista, parece que no hemos aprendido nada ni hemos olvidado nada. Como diría Martínez: “no pasa nada”, y eso que ha pasado tanto.
Tu poesía con libertad de viento, incontenible como río. Las naranjas teñidas con tus ansias, la sonrisa color de tu alma, la pura nostalgia de patria; pueblo y hermanos brindan con trigos el universo perpetuo de tu heredad. Ella y el precipitante caudal de tu vida desbordándose en nuestros campos, quebrando puertas, inundándonos los corazones, sabrán convocar nuestras manos duras para amar al mundo con los brazos abiertos…
Para hacer de ti,
Hermano,
un nuevo hombre
nacido aquí enla aurora.
Javier Heraud – 1960
Hablando de la Paz, Pablo VI habló de los rebeldes por amor. Halando del amor, habló de los mártires de la Paz. Hablando del amor, la paz y la justicia, habló del valeroso sacrificio de hombre fuerte y noble que se entrega a una causa sin odios ni frustraciones. Si parece que en el 69 Pablo VI estaba hablando de ti, y eso que no te conocía. Revolucionario y no revoltoso, rebelde por amor y no por rencor; al igual que el Zelmar de Benedetti, pocos podrán como tú ser tan generosos, tan atrozmente humanos, tan limpiamente osados.
Hoy que parece más largo el camino y más oscura la sonrisa de los días, hoy que un odio inhumano trama violencias, dudas y temores, hoy que ya nadie cree en el antiimperialismo cubano, hoy que jóvenes de tu edad bailan yacson y leen la república y que ya no se lee poesía porque las urgencias nos deforman el paso… Que caudalosa se pone la vida cuando al pie de la madrugada, en los cristales amarillos del destino, abrimos tu pecho y leemos, como en la palma de la mano de nuestro pueblo que
La poesía es
un relámpago maravilloso
una lluvida de palabras silenciosas
un bosque de latidos y esperanzas
el canto de los pueblos oprimidos
el nuevo canto de los pueblos liberados.
Por: Alfonso Chunga Ramírez | Amigos | Comentarios (0) | Referencias (0)
Jueves, 15 de mayo de 2008
Escribe: RAUL WIENER
Diario La Primera. mayo14, 2008
El Presidente que respondía a su diario favorito el último domingo tenía dos certezas inconmovibles. Para ser como Chile, o más que Chile, se necesita inversiones, lo que sea que sume cifras e inyecte dinero. Y, para esto mismo, se necesita policías que no se chupen, que usen sus armas. Orden, ¿me entienden?
El Perú de las inversiones y los policías sin frenos es el que nos va a llevar a la modernidad. Está tan convencido que el año 2011, la opción electoral estará vaciada de ideología que imagina que el vencedor será el que se identifique más con la idea del crecimiento y las obras en provincias. Pero, por si las moscas, en el camino a ese Perú modificado, hay que tener una buena represión a la mano.
“El Perú lo que necesita es orden, están notificados”; es el título que El Comercio ha escogido para resumir el sentido de la entrevista con Alan García. Y es orden en el sentido de que preferible es que nada se mueva. En este punto hay otro cambio notable del político de los ochenta, que describiera al Perú como un “desorden aparente” donde cada situación aparentemente desordenada tenía una lógica propia que los gobernantes debían saber administrar sin desesperarse.
Ahora hay un solo orden posible. Si la gente vive dispersa en villorrios, los juntamos. Si hay mucha pequeña propiedad, la arrasamos. Si los profesores tienen baja capacitación porque el Estado se olvidó de ellos, los echamos. Si los selváticos no tienen para explotar comercialmente la madera, los desalojamos. Y así sucesivamente. Y si viene la protesta, que disparen, con eficacia. Si hay excesos, vamos a los jueces, para que los muertos reclamen por sus vidas. Pero no me intimiden a los policías, que eso no es más que una democracia boba.
“Con debilidades, lo único que se consigue es que vengan los Fujimori y los dictadores del futuro”, afirma, dejando saber que hay que actuar como Fujimori en democracia, para que Fujimori no venga y nos quite la democracia, que es lo que hace pensar a tanta gente que la noción de “democracia” de algunos políticos es que ellos mismos son la democracia, y que cuando ejercen el poder de la manera más brutal que sea, están preservándonos de dictadores que podrían ejercerlo igual que ellos.
“Se dice que usted gobierna sin oposición”, le plantea el diario de los Miró Quesada. “Ojalá fuera así”, responde escuetamente este pretendido demócrata. “¿Quién es más oposición: Lourdes, Ollanta o Toledo?”, lo interrogan. “Los periódicos. La oposición en el Perú, son los periódicos.” Y, la verdad, no sé si sonrojarme. ¿Qué periódicos? O se está refiriendo a este diario, pequeño pero combativo, o se está burlando de nosotros.
¿O se tratará de Juan Paredes Castro o Hugo Guerra? ¿O Aldo M., García Miró, o Ben Schmuel? ¿Mirko Lauer? ¿La Ortiga o César Campos? Evidentemente, ésta debe ser la oposición periodística que está más de acuerdo con sus gustos. Inversionistas, policías impunes, y periodistas opositores que desayunan o cenan en Palacio y le conceden entrevistas a dos páginas, para que se despache, como hizo con la Chichi, en la televisión. Éste es el orden de García. Estamos notificados.
Por: Alfonso Chunga Ramírez | Invitados | Comentarios (0) | Referencias (0)
Jueves, 15 de mayo de 2008
Escribe: HANS KUNG
Hans Kung es catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de la Global Ethic Foundation (www.global-ethic.org). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. El Pais, mayo 14, 2008.
El ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger no tiene problemas para justificar las mentiras. Kissinger opina que el Estado -y, por consiguiente, el estadista- tiene una moral diferente a la del ciudadano corriente. Lo demostró en la práctica durante sus años en el Gobierno de Nixon y luego defendió esta opinión en su libro de 1994, Diplomacy, en el que menciona a figuras históricas que admira: entre otros, Richelieu, Metternich, Bismarck y Theodore Roosevelt.
Cuando le dije en una ocasión que esa visión del ejercicio del poder político me parecía inaceptable, él replicó, no sin ironía, que el teólogo ve las cosas "desde arriba" y el estadista "desde abajo".
Le hice esa misma pregunta sobre la mentira y la moral política a un buen amigo de los dos, el ex canciller de Alemania Federal Helmut Schmidt, cuando pronunció una conferencia sobre ética mundial en la universidad de Tubinga en 2007: "Henry Kissinger dice que el Estado posee una moral distinta de la del individuo, la vieja tradición desde Maquiavelo. ¿Es verdad que el político que se ocupa de asuntos exteriores debe atenerse a una moral especial?".
Schmidt me respondió: "Estoy firmemente convencido de que no existe una moral distinta para el político, ni siquiera el político que se ocupa de asuntos exteriores. Muchos políticos de la Europa del siglo XIX creían lo contrario. Quizá Henry sigue viviendo en el siglo XIX, no sé. Tampoco sé si hoy seguiría defendiendo ese punto de vista".
Por lo visto, sí. Al recomendar, hace poco, más participación militar en las guerras de Irak y Afganistán, Kissinger ha demostrado que sigue siendo un político que piensa desde el punto de vista del poder y en la tradición de Maquiavelo. Aunque por otro lado, ha dicho que está en favor del desarme nuclear total. ¿Es una contradicción o un signo de la sabiduría que da la edad?
En las reuniones del Consejo Interacción de ex jefes de Estado y de Gobierno, del que soy asesor académico, se discuten problemas de ética. Recuerdo que en 1997 no hubo ninguna cuestión relacionada con la Declaración Universal de las Responsabilidades Humanas del consejo que se debatiera con tanta intensidad como la de "¿No mentir?". El artículo 12 de la declaración trata sobre la veracidad, y dice: "Nadie, por importante o poderoso que sea, debe mentir". Sin embargo, inmediatamente sigue una puntualización: "El derecho a la intimidad y a la confidencialidad personal y profesional debe ser respetado. Nadie está obligado a decir toda la verdad constantemente a todo el mundo". Es decir, por mucho que amemos la verdad, no debemos ser fanáticos de la verdad.
Pero no exageremos. Los políticos también son seres humanos, e incluso una persona veraz puede mentir cuando se encuentra en una situación difícil. No hablo de las mentiras que se cuentan por diversión ni de las mentiras piadosas, sino de las mentiras deliberadas. Una mentira es una afirmación que no coincide con la opinión de la persona que la hace y que pretende engañar a otros en beneficio personal. O como dicen los Diez Mandamientos en Éxodo 20:16: "No darás falso testimonio contra tu vecino".
Una vez, el ex ministro de Asuntos Exteriores de un país del Sureste Asiático me contó, con una sonrisa, que en su ministerio corría esta definición de embajador: "Un hombre al que se envía al extranjero para que mienta". Pero hoy ya no puede construirse ninguna diplomacia eficaz a partir de esa idea. En la época de Metternich y Talleyrand, dos diplomáticos podían decirse mentiras a la cara. Pero hoy, en la diplomacia secreta, es necesaria la franqueza, por más que se emplee todo tipo de tácticas astutas en la negociación.
El juego sucio y los engaños no salen rentables a largo plazo. ¿Por qué? Porque minan la confianza. Y, sin confianza, la política constructora de futuro es imposible.
Por consiguiente, la primera virtud diplomática es el amor a la verdad, según dice el diplomático británico sir Harold Nicolson en su clásica obra de 1939, Diplomacy, que, por cierto, Kissinger menciona a regañadientes en su libro, en la página del copyright, pero luego no vuelve a citar en ninguna parte.
Eso significa que algunos estadistas como Thomas Jefferson tenían razón: no existe más que una sola ética sin divisiones. Ni siquiera los políticos y hombres de Estado tienen derecho a una moral especial. Los Estados deben regirse por los mismos criterios éticos que los individuos. Los fines políticos no justifican medios inmorales.
O sea, la veracidad, que está reconocida desde la Ilustración como condición previa fundamental para la sociedad humana, no sólo es un requisito para los ciudadanos individuales sino también para los políticos; especialmente para los políticos.
¿Por qué? Porque los políticos tienen una responsabilidad especial respecto al bien común y además disfrutan de una serie de privilegios considerables. Es comprensible que, si mienten en público y faltan a su palabra (sobre todo, después de unas elecciones), luego se les eche en cara y, en las democracias, tengan que pagar el precio, en pérdida de confianza, pérdida de votos en las elecciones e incluso pérdida de su cargo.
Las mentiras personales, como las que contó el ex presidente estadounidense Bill Clinton durante el caso de Monica Lewinsky, son malas. Pero lo peor es la falsedad, que afecta al fondo de las personas y sus actitudes esenciales (como puede verse en la actitud del presidente George W. Bush durante los cinco años de la guerra de Irak). Y lo peor de todo es la mendacidad, que puede impregnar vidas enteras. Según Martín Lutero, una mentira necesita otras siete para poder parecerse a la verdad o tener aspecto de verdad.
Ahora bien, por supuesto que también existen políticos y estadistas honrados. Yo conozco a unos cuantos. Además de la virtud de la sinceridad, tienen que practicar la sagacidad. Sobre todo, deben ser perspicaces, inteligentes y perceptivos, estrategas hábiles e ingeniosos y, si es necesario, astutos y ladinos, pero no maliciosos, intrigantes ni canallas.
Deben saber cuándo, dónde y cómo hablar... o callarse. No todos los circunloquios y exageraciones son mentiras en sí mismos. No hay duda de que, en determinadas situaciones, puede haber conflictos de responsabilidades en los que los políticos deben decidir de acuerdo con su propia conciencia.
"Muchas veces era difícil: no podíamos decir toda la verdad y, con frecuencia, debíamos ocultarla o permanecer callados", me dijo el ex presidente estadounidense Jimmy Carter tras una sesión del Consejo Interacción. Y me impresionó profundamente cuando añadió: "Pero, durante mi mandato, en la Casa Blanca no mentimos nunca".
Hans Kung es catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de la Global Ethic Foundation (www.global-ethic.org). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
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Martes, 13 de mayo de 2008
Escribe : Javier Rioyo
El País, 27 de abril del 2008.
No tenía razón el poeta Manolo Vázquez Montalbán con aquella feliz frase de nostalgias juveniles. No era verdad que contra Franco viviéramos mejor. Navegar y vivir eran necesarios, y no era el mejor tiempo, ni el mejor país en aquellos años que nos tocó soportar el franquismo. El otro día, día de los libros tomando las calles, día en que Gelman nos recordó la necesidad de escarbar en nuestra memoria, ese día se me apareció la miseria moral y personal de aquel manipulador llamado Franco. La culpa la tuvo el historiador Paul Preston, buen gustador de la buena vida, y los buenos vinos, de la España de después de Franco. Le pudimos saludar en una Barcelona tomada por la sombra de Ruiz Zafón. Era de los resistentes, miembro de una brigada que lucha para que sus libros sean visibles, a pesar del imperio zafónico. Hay otros libros.
Preston vuelve por donde solía, corta otro traje perfecto para que recordemos las mezquindades de aquel tipo pequeño, obsesivo y falso patriota. Un mal español. Ambicioso de poder y de dinero. Fantoche que se creyó emperador. Dejó el país en la ruina, y en su ambición, en sus sueños de grandeza, se imaginaba gobernando un nuevo imperio. Ya lo decía su aliado Sanjurjo -¡otra joya histórica!-, que "Franquito es un cuquito que va a lo suyito".
Leyendo a Preston volvemos a pensar en la suerte, la mala suerte. España no tuvo suerte, no vio que el peligro tenía el rostro de un africanista que no sabía si ser el Cid o Felipe II. Lo malo es que consiguió ser Franco.
Su hermano Ramón, héroe de la aviación, republicano y masón, nada franquista y tan anticlerical que, ante los incendios anarquistas de algunas iglesias, dijo: "Contemplo con gozo aquellas llamas magníficas como la expresión de un pueblo que quiere liberarse del oscurantismo liberal". Con los Franco no había término medio. O te fusilaban por masón, por no ir a misa o por ser infiel en el matrimonio. O te quemaban si llevabas sotana. No son las únicas declaraciones del hermano Ramón que debieron alertar al manipulador enmascarado en salvador de patrias. Cuando llegó la República, un africanista, Guarner, le preguntó a Ramón por lo que pensaba Francisco del nuevo régimen: "Mira, Guarner: Paco, por ambición sería capaz de asesinar a nuestra madre, y por presunción mataría a nuestro padre".
Con mi antifranquismo renovado, me acerco hasta Boadas, brindo con Quim Monzó por habernos salvado de aquella plaga de cretinos que creyeron que Franco era justo y necesario. Lo imagino como un personaje de Monzó: ese señor tan serio que en el geriátrico se pinta las uñas, se pone tacones y da color a sus labios. ¿Qué hubiera pasado si Franco hubiera sacado su máscara femenina? Franco ese hombre, ese gay.
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Domingo, 11 de mayo de 2008
Álvaro Bardón
Jueves 08 de Mayo de 2008
El Mercurio
En rigor, los impuestos son un robo a los trabajadores, que se ven obligados a pagarlos aunque se usen muy mal. Esto último es cada vez más común en nuestro medio y parece no tener remedio, por el enfoque dogmático clásico del socialismo, que considera pecaminoso nuestro libre gasto personal: es el Estado el que sabe lo que nos conviene; los ciudadanos somos tontones, porque no hemos tenido esa revelación "de clase" que ilumina a los marxistas y sus derivados.
Los impuestos son un despojo, pero si usted no los paga, lo van a perseguir y reducir a la fuerza para llevarlo a la cárcel. Del hurto o cartereo usted se puede defender, al menos algo, de alguna manera. Pero con los impuestos, ¡preso sin vuelta!, porque se ofende al Dios Estado, el único verdadero para los socialistas. Por eso, los impuestos siempre deben aumentar, y reducirlos es una herejía.
Después de llegar a un mínimo relativo hacia 1989, el gasto público viene subiendo sin que se conozca su eficiencia. ¿Qué grandes proyectos estatales ha habido desde 1990? ¿Educación? Algo más, pero de igual o peor calidad, excepto en el nivel universitario y técnico, donde se admitieron la gestión y la inversión privadas. En lo demás, puros funcionarios sin aumentos de productividad, aunque sí de los costos.
¿Salud? Un poquito más, pero con las colas y la mala atención clásicas del Estado benefactor.¿Previsión? Es de esperar que no recaigamos en el quebrado sistema antiguo, que discriminaba contra los "obreros" y favorecía a los más pudientes. Cuando los socialistas hablan de volver al "solidario" sistema antiguo, dan ganas de hacer las maletas e irse. Así como cuando quieren "eliminar el lucro", esto es, el pago por el uso del capital en la educación superior. La orden parece ser que ésta no vuelva a crecer, y menos sin el control de los sabios socialistas pagados por el Estado.
Es decir, debemos volver a una población de unos 90 mil universitarios, en lugar de los 600 mil actuales. El mayor gasto público de los últimos 18 años es un desastre. Me atrevo a sostener que congelar dicho gasto aumentaría nuestro bienestar. Pero, claro, habría que flexibilizar el mercado laboral y la iniciación de actividades, para que aumenten el empleo y el ingreso de los pobres. En todo esto la Concertación no tiene política, quizás por considerar que la mayor tributación y el gasto público lo resuelven todo automáticamente.
Más que subir dogmáticamente los impuestos, habría que evaluarlos, redestinarlos hacia los más pobres y la inversión privada, crear exenciones tributarias para la beneficencia, flexibilizar jornadas, sueldos, trabajo femenino, infantil, etcétera. No puede ser que ahora prohíban ser pelotero, cuidador, arreglar jardines, empaquetar y otras tareas que tradicionalmente ha hecho la gente con baja calificación. La flexibilidad laboral y productiva es clave para la erradicación de la pobreza, al igual que incentivar la beneficencia y las agrupaciones sin fines de lucro.
Pero los socialistas quieren estatizarlo todo, desconfían de la libertad y son totalitarios; les gustaría terminar como la URSS y no como Estados Unidos. Las regulaciones socialistas de jornadas, salario mínimo, indemnizaciones y tantas otras han hecho que en Chile trabajen unos dos millones menos que el equivalente de otros países. Esto, que explica la recurrente mala distribución del ingreso, no está tratado en "El Capital" ni en la teoría sobre la lucha de clases, así que resígnense a la pobreza, que es el resultado del constructivismo socialista y no del capitalismo libertario.
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Domingo, 11 de mayo de 2008
Escribe: Jorge Bruce
Perú 21, 11 de mayo del 2008.
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Domingo, 11 de mayo de 2008
Un soul de ventana.
http://www.youtube.com/watch?v=ZNhCMzA1T30
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Viernes, 09 de mayo de 2008
Escribe: Alfonso Chunga Ramírez
Cuando la Patria pintaba sus fachadas con recios brochazos de alegría, cuando la Nación en pleno debatía si el hijo de la bataclana sería varoncito como dady leré, o mujercita para las tangas de mamá, y con todo el trabajo que había costado someter a plebiscito si el amor de pollada debía consumarse en matrimonio; así como así, de lo hondo de la caverna cavernícola, aparecen los sanmarquinos para gritarle cacaseno al cacaseno y prenderle fuego a un pinochito como lucida vela en la torta de la algarabía. Que birá birá, Que falta de patriotismo. Que orfandad de bandera, banderín o banderola.
Obviamente indigestos de tanta felicidad, los reservistas espirituales de la Nación decidieron que la inminencia de la primera cumbre era momento más que oportuno para despacharse unas flatulencias contra los noles de cuello encorbatado, contra la repartija del patrimonio intangible, contra los bay pases al decoro, contra los rectores a la medida y a la cabida, contra la felicidad de mantel largo ofrecida a los ilustres visitantes, contra el autismo en fin que nos estaba haciendo aparecer y parecer de verdad, un pueblo aperplejado por un imperturbable estado de gracia.
Toda fúrica, como no; tomada de la mano de su perro, para variar; con un bus a las espaldas, por mientras; el cacaseno consintió cámaras para exigir respeto y exigir autoridad; decirle forajidos a los sanmarquinos, para recitar la cantaleta de la felicidad en vísperas de la cumbre, para decir que el rector le había jurado y rejurado que ese terreno era suyo y todo suyo, que que linda que era la universidad cuando fujimori, su padrinito de antier, lo puso a Martin Rivas como supra rector universal.
En el otro lado del puente roto, y estrenando velocísimas diligencias, los señores policías descubrieron que los carnés universitarios de los universitarios detenidos eran precisamente de esos universitarios, que sus mochilas cargaban libros y pan con anchoveta, que las chompas no eran antibalas y que los moretones no eran tatuajes de emos. Así que sorry y libertad libertad en el mes de la felicidad. El Consejo Universitario, con diligencia más veloz aún, resolvió que si el cacaseno podía desacatar el mandato arbitral de cumplir el contrato suscrito con Lidercom, ellos también podían disolver el contrato regalón que permitía la construcción del puentecito.
Hace poco un compañero de colegio le prendió fuego a una feria para probarnos que los celos de cincuentón pueden ser ardorosos. Ayer temprano, una porción de adolescentes, porcioncita si quieren, le prendió fuego a un disparate. No es para dar saltos mortales de alegría; pero nos prueba que el fuego existe. Y reside en San Marcos.
Gualgayoc, 9 de mayo del 2008.
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Viernes, 09 de mayo de 2008
Escribe: Aldo Mariátegui
¿Y por qué la Policía te retiene tu brevete, dado que ahora es muy fácil meterse sin querer contra el tráfico o pasarte un alto policial con este caos en el tránsito que nos ha regalado el sádico del alcalde Castañeda (¿se acuerdan cuando rompieron la prolongación Huaylas –la salida por Villa a la Panamericana Sur– en pleno verano del 2007 y el genial asesor municipal Armando Molina dijo que jamás se tomaban en cuenta las estaciones para las obras?)? Se demoran un montón de días para devolvértelo aunque hayas pagado inmediatamente la multa, lo que te empuja a violar la ley y manejar sin él.
Otra tontería es la supervivencia de la medieval autonomía universitaria, por la cual la Policía no puede entrar a los claustros para detener a los revoltosos. ¿Acaso las universidades son paisitos aparte, están fuera de la territorialidad peruana, son un consulado gigante? Encima, estos vándalos queman un camión policial. ¿Quién le devuelve el costo de ese vehículo a los contribuyentes? La obra que se está haciendo allí es sumamente necesaria e hizo muy bien el rector en entregar esas dos hectáreas en bien de la ciudad.
¿Por qué estos sanmarquinos no se dedican a estudiar –cosa que los contribuyentes les pagamos– en lugar de joder? Ya bastante daño se ha hecho desde esa universidad a la sociedad con tanto radicalismo estúpido pasado, pues eso fue incluso un fértil semillero de senderistas y emerretistas años atrás. A ver si se dedican a recuperar el nivel académico que perdieron desde finales de los 50.
Diario Correo. Viernes 9 de mayo del 2008.
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Viernes, 09 de mayo de 2008
Escribe: CESAR HILDEBRANDT
Entonces los estudiantes arman la bronca y el jefe de la banda del SAT, que también es el alcalde de Lima en sus ratos libres, ya no contesta el teléfono, igual que el rector que hizo el raro negocio, y en eso es que llega la policía (que embarra el general Salazar y despilfarra Luis Alva Castro, que es nuestro Javier Bardem haciendo de ministro del Interior de Macondo).
Y se arma la gorda, se vuelve a la edad de piedra, y hay policías contusos, estudiantes apaleados y dirigentes estudiantiles cazados en plena actividad y en pleno claustro, que en estos días apristas se respeta tanto como Martin Rivas respetaba el claustro de La Cantuta.
¿Pero por qué marrana idea un rector sanmarquino vende 28,000 metros cuadrados de un bien que no le pertenece? ¿Por qué el jefe de la banda del SAT, y alcalde cuando no está aceitando a sus “Arturitos” que ponen papeletas, incita ese comercio?
Muy sencillo: porque todo está en venta y hay que estar a la moda. Fenicia ha regresado y su flota ha anclado en el Callao. Y si entras a un bazar de esos que propone el Apra berlusconiada, lo primero que te ofrecen es una encuesta de la Universidad de Lima, con loreada de Benavente como yapa.
Se vende la selva con pájaros y lluvia, se vende el periodista hablando en oro, el puerto de Paita con su luna famosa, el muelle norte a plazos, y al contado los Wong que se vendían, a precio de remate el recurso de amparo, se vende la neblina de Huancabamba, a los chinos les vendemos las décadas que vienen, a los norteamericanos les vendemos nuestra partida de defunción como país-nación, al Vaticano la Caverna le vende la franquicia del miedo, la reventa se vende, se vende PPK que ya no debería andar de señora ofrecida (por las várices), los aires de los edificios se venden a Nextel, se vende la carretera que está por hacerse, se vende lo que Romero quiera, lo que los Wiese falsearon en Azángaro lo compró Toledo (que compraba sus diablos azules en Palacio), los denuestos se compran en la tele, Althaus vende somníferos hablados (un día podría morir de una sobredosis de sí mismo), los chilenos se han comprado seis Tarapacás, ocho Aricas y cuatro Antofagastas con su Evo incluido, el orgullo está con un letrero de alquiler-venta, el fujimorismo vende cadáveres que Raffo ha mejorado a imagen y semejanza, se vende padres viejos por la herencia, las sinagogas ya fueron compradas, Jauja ha vuelto pero para revenderse, la Segunda Guerra del Pacífico ya se vendió antes de perderse, el cielo es un milhojas que Rodríguez Larraín ya se tragó, “El Comercio” se ha comprado a sí mismo, el Apra vende el menaje de Haya, los comunistas se han privatizado, Tula Rodríguez se ha tercerizado, las oscuras golondrinas han visto vendidos sus balcones, García vendió a pagar en dos partes su memoria, Garrido Lecca se vende en 3D y hasta el mismo acto de vender ya es una venta (que lo diga Salmón con su “Peru Now”, que es como gritar que ahora o nunca salimos de la mercadería).
Eso es “poner en valor”, que es como los huachafos llaman al sencillo acto de vender. Y yo digo, humildemente, que “hay que poner en valor” a la Caverna y rematarla en las páginas de “Relax” de ese diario que es tan servicial que hasta sirve a las putas cuando ellas pagan (lo que es una prostitución a la inversa, como las subastas de Alva Castro). Porque si el Perú es un viejo almacén, como en el tango, y el perro del hortelano ya no es un obstáculo, ¿qué esperamos para limpiar el trastero? Pongamos “en valor” el Congreso y se lo colocamos a precio de ganga a alguna laguna de oxidación privatizada. Pongamos “en valor” el miedo, la hipocresía, la codicia, la insolidaridad, el racismo y otra vez el miedo y de nuevo el racismo y les juro que nos convertimos en potencia mundial. Diario La Primera. Viernes 9 de mayo del 2008.
Por: Alfonso Chunga Ramírez | Invitados | Comentarios (0) | Referencias (0)