Sábado, 28 de enero de 2006
La agricultura es una labor cultural, la minería es un afán predador. Los cultivos arraigan a las personas. Las explotaciones mineras ponen plazo fijo al despilfarro. El germinar de la semilla congracia al hombre con la vida. Los relaves mineros estropean el universo. Las cosechas enriquecen a los campesinos. La bolsa de minerales enriquece cuatro inversionistas y mendruguea a ocho burócratas.
Cuando los españoles se toparon con las huacas del Sol y la Luna en Moche, resolvieron que dentro de ellas se encontraba El Dorado. Convirtiendo la alucinación en plan de vida, torcieron el cause del río para que la torrentada arrase con los templos y les entregue el oro apetecido. Los trabajos contemporáneos de Santiago Uceda comprueban que ni el río ni los españoles pudieron con las huacas, pero la animalada destruyó los campos de cultivo y forzó otra penosa migración campesina.
Así fue como los invasores abolieron la edad de la agricultura e inauguraron la edad de la minería. Así fue como clausuramos nuestra edad de oro y nos hundimos en la edad del oro. Al cabo de quinientos años, como diría Martínez Morosini, no hemos aprendido nada y conquistadores de todas las latitudes continúan torciendo el cauce de los ríos para provocar erupciones metaleras.
La contienda no es nueva, la metodología tampoco, los ademanes menos, los protagonistas los mismos, los extras sólo peores. Lo descabellado es que todavía la contienda exista.
Cien años de agricultura en el Perú produjeron la papa. Quinientos años de minería no han producido absolutamente nada.
La agricultura es una labor cultural, la minería es un afán predador. Los cultivos arraigan a las personas. Las explotaciones mineras ponen plazo fijo al despilfarro. El germinar de la semilla congracia al hombre con la vida. Los relaves mineros estropean el universo. Las cosechas enriquecen a los campesinos. La bolsa de minerales enriquece cuatro inversionistas y mendruguea a ocho burócratas.
La Constitución de nuestro Estado tiene un artículo que “declara” que la agricultura es prioritaria, el Ministerio del Interior interpreta esta prioridad gomeando primero a los campesinos. Un árbol sirve, un lingote ataranta.
En quinientos años de pre potencia, esta contienda sólo puede exhibir “Redoble por Rancas” como fruto provechoso. Hasta en eso hemos empeorado. Scorza y su Nictálope fijaron una cota superior de interpretación de este drama de la Humanidad. Hoy tenemos que padecer las interpretaciones del ecologista Breña Pantoja, del conservacionista Diez Canseco, de asalariados cuidadores de agua, de beatíficos traductores del lenguaje divino, de organizaciones a las que el paisaje se les apareció como la virgen con seráficos presupuestos de manutención. Lo dicho. Todo sigue casi igual, sólo los extras están peores.
La hija regresa a casa después de años de haberse ido. Su padre le increpa: ¿Dónde estuviste tanto tiempo, sin siquiera escribir, desgraciada?
Perdón, papá¡, pero es que me he vuelto prostituta...
¿Cómo?! ¿Qué?!! ¡Lárgate inmediatamente de esta casa! Desvergonzada, inmoral... mala hija!!! Sabes perfectamente que en nuestra casa somos católicos practicantes,!!!
Papa, ya me voy... te comprendo. Pensaba que me perdonarías y veni¬a a regalarles las escrituras de la casa en la Molina, una cuenta de 500.000 dólares para los estudios de mi hermanito y a ti, papito, este Rolex Aniversario con diamantes y un Porsche Carrera Triptonic Turbo del 2004, color negro, que está en la puerta!...
Hijita, ¿En qué dijiste que te has convertido?
En prostituta, papá!. ¡Uf! Que susto, había entendido ¡Protestante!
Al cabo de quinientos años, no podríamos decir que sólo los gobernantes y los burócratas son los únicos “papás” de esta protestante confrontación.
Gualgayoc, 12 de agosto del 2005.
Por: Alfonso Chunga Ramírez | Diatribas | Comentarios (0) | Referencias (0)