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LAS DOS PIEDRAS

Sábado, 04 de febrero de 2006

ESE AJENO ESTADO

Para las comunidades del Perú, Pizarro, Abascal, La Serna, Bolívar, Castilla, Prado, Velasco, García, Fujimori, Toledo y todos los demás, son los apelativos diversos de la misma ominosa parasitación.


Si a mi, que soy hincha del Alfonso Ugarte de Chiclín (*), me llevan obligado a votar en las elecciones del Alianza Lima; ténganlo por seguro que votaré por Tula para presidenta, y por Waldir para Tesorero.

Lo mismo le pasa a nuestra democracia formal. El régimen obliga a las personas a votar en una institución ajena e incluso enemiga: el Estado. No somos parte de esa institución, no nos representa, no nos sirve. No obstante la animadversión, nos obligan a votar. Escrito en chulucanense, Malaya mi suerte, que me obligan a votar por el que me ha de robar.

¿Cuándo empezó a divorciarse el Estado de la Nación?. Nunca. En verdad nunca estuvo casado. Los invasores predadores del 1500, los caudillos fundacionales del 1800, los aristócratas excluyentes del 1900, los pirañitas menesterosos del 2000, se incrustaron en el territorio nacional e invariablemente han dispuesto de las riquezas nacionales para su exclusivo beneficio, sin excepción que haga tolerable la regla. Para las comunidades del Perú, Pizarro, Abascal, La Serna, Bolívar, Castilla, Prado, Velasco, García, Fujimori, Toledo y todos los demás, son los apelativos diversos de la misma ominosa parasitación.

Votar en el Perú no es elegir una opción de desarrollo; es elegir a la pandilla que ha de medrar en el Estado; y ese generalizado sentimiento puede ser una de las razones, quizá la más importante, por la que los peruanos nos apliquemos tanto en cagarla en las urnas. Y no sólo allí.

Un caudillete en el Perú, no precisa de mucho mensaje para ganarse el afecto popular. Basta que se tumbe, o amenace tumbarse, a la casta política para que encienda el fervor de la chusma, ese populacho que se solaza prometiendo que ladrón que tumba a ladrón tiene un gobierno de perdón. Lo tuvo Velasco cuando derribó la decrépita promoción de Prialé. Lo tuvo Fujimori al disolver la República en el 92. Lo puede tener cualquier holgazán que ofrezca traerse abajo el sistema. Ese ajeno sistema.

Toda revisión de los anuarios gubernamentales nos obliga a concluir que los peruanos usamos el voto para precipitarnos hacia la mediocridad. Cuando la chusma aplaudió a Velasco por expulsar a Luis Alberto Sánchez, no se le ocurrió que el APRA lo reemplazaría por un Mulder. Aplaudir los vejámenes fujimoristas a Ramírez del Villar, nos costó tener a Martha Chávez como presidenta del Congreso. Y por si fuera poco, para refutar la vil promoción de los 90, en el 2000 elegimos a valdeces, chuquivales, cabanillas, pachecos y demás estolideces.

No nos podemos quejar. Cuando se trata de elegir a quien administre el Estado, ese ajeno Estado, la cagamos con esmero.

Gualgayoc, 2 de febrero del 2006.

(*) Alfonso Ugarte de Chiclín, los Diablos Rojos del Valle Chicama, el último equipo serio que militó en el fútbol peruano.

Por: Alfonso Chunga Ramírez | Diatribas | Comentarios (0) | Referencias (0)

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