Jueves, 29 de junio de 2006
a treinta días de asumir el mando gubernamental, y en el voto pro TLC de sus perecidos congresistas, Alan García anunció que no va a cumplir ninguna de sus promesas, que ni siquiera las recuerda, y, lo que es peor, que no es necesario que las recuerde ni que las cumpla.
Yo no creo que quienes votaron por García estén en contra del TLC. Quienes creen que negociar con el lobo es esencialmente nocivo y amoral votaron por Humala. De modo que la aprehensión no proviene de la disciplina aprista votando a favor del tratado en la juerga congresal de la madrugada del miércoles 28.
La suspicacia del optimista, como el vómito del realista, es consecuencia de la velocidad con la que Alan García repasó a sus votantes la lección de que en política no hay que ser ingenuos. Ni siquiera esperó a que secara la tinta en los votos obtenidos con su prédica anti TLC, para poner reversa y ordenar a sus turroneros levantar su manito de pordioseros para recoger su mendrugo y avalar la implantación de una política comercial a la que condenó durante toda la campaña.
Reitero y realzo: el tema no es el TLC, el tema es la práctica embustera de Alan García para conseguir votos con la propuesta exactamente opuesta a la que va a imponer como gobernante. Y que lo haga tan rápido además. Ni siquiera gobierna pero ya se reestrenó como camandulero.
El holgazán no es ingenuo y ha demostrado tener información precisa de todo lo que le interesa. Debemos quedar advertidos entonces, que el inminente presidente ya concluyó que la estabilidad de su gobierno y la viabilidad de nuestra Nación, no dependen de la credibilidad que las personas tengan en él, ni en la confianza que puedan despertar sus ofertas electorales. Nace convencido que sus electores no le creen y que no queda un solo cándido que espere el cumplimiento de una promesa.
Ciertamente no se me ocurre cómo alguien podría haber creído que este manganzón haya querido alguna vez bajar las tarifas de agua, moderar el precio de las medicinas, reducir el sueldo de los congresistas o impulsar un programa de agronegocios exitosos en la sierra. Es inconcebible. No tiene asidero alguno en la realidad y menos aún en sus antecedentes sino en su prontuario.
Exactamente a treinta días de asumir el mando gubernamental, y en el voto pro TLC de sus perecidos congresistas, Alan García anunció que no va a cumplir ninguna de sus promesas, que ni siquiera las recuerda, y, lo que es peor, que no es necesario que las recuerde ni que las cumpla.
Nada nuevo en verdad, tan solo un avant premiere de la viejísima película nacional del turrón y la butifarra, del señuelo y de la yuca, de la concha y del desparpajo, de la lujuria por el poder y de las devastadoras consecuencias de la tetudez a la hora de votar. Nos lo hemos ganado.
Gualgayoc, 29 de junio del 2006.
Por: Alfonso Chunga Ramírez | Diatribas | Comentarios (0) | Referencias (0)