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LAS DOS PIEDRAS

Sábado, 29 de julio de 2006

ROSAL VIVIENTE

En la segunda estrofa, toda la maganchería y todo Canchaque y cada cuadra de la Avenida Grau y a como cincuenta mil kilómetros de los brazos, declaraba que en Piura nace el sol, en Piura duerme el sol con todo su calor.


Las Totoritas tiene una mesa con manteles coloridos que abriga a peruanos de paso o de piso en Miami. Gary Gordillo bordó aquel espacio con los hilos de la nostalgia que en su pulso dejaron los carnavales de Huanchacho. La decoración te repasa lo que fue la playa entre la curva y los totorales; pero no está en los aderezos el espíritu de la casa. Está más allá, está más abajo, está más adentro.

A pocos metros, Alcides Lizarzaburu y Alfredo Moreno paseaban el Ocean Drive sólo para constatar que tanta belleza no tenía ni para comenzar con la hora del oro en el viejo muelle. Seis pasos los llevaron hasta aquella mesa, atendida con esplendidez por Lorena. Un elenco musical cumplía eficazmente su tarea de convencer a los comensales, que estaban en Barrios Altos y todos se desgañitaban con temas de Felipe Pinglo, Manuel Acosta Ojeda, César Miró, sin duda alguna, o Tomás Escajadillo.

De esa muchedumbre de voces diversas se alzó una reclamando Rosal Viviente, plegaria con la que los piuranos combaten allí en la parte del universo en la que se encuentren. Luego de dos intentos fallidos, el director musical admitió que no tenía el tema en su repertorio. Media hora más de valses de la guardia vieja y algunas marineras norteñas, cuando la misma voz, con bastante más de angustia, se empinó sobre los aguardientes para exigir Rosal Viviente y ofrecer una botella de whiskie a cambio.

Novato en el medio pero entrador en extremo, Alfredo Moreno hizo consultas con el primo Alcides, quien aconsejó muchísima prudencia porque no estábamos en las peñas de la calle Sucre, en Chicago, sino en la puerta sur de la civilización universal. Pero el piurano imploró por Rosal Viviente duplicando la oferta, así que imposible sustraerse.

Se tropezó con sus pasos más que con las mesas, besó el banderín del Colegio Militar Ramón Castilla, le recordó a Gary que había sido su instructor en aquel antro, y con la confianza de cañero en su quinta zafra, tomó el micrófono, pidió Re Menor y comenzó a deshilachar el púrpuro color del horizonte, la alborada diseñada de algarrobos, la arena suelta que mueve el viento al correr. En la segunda estrofa, toda la maganchería y todo Canchaque y cada cuadra de la Avenida Grau y a como cincuenta mil kilómetros de los brazos, declaraba que en Piura nace el sol, en Piura duerme el sol con todo su calor.

En esas coordenadas de la vida uno se convence de por vida que la Patria en verdad existe. Que no está más allá, que no está más al fondo, que está aquí, que está en mí, y que es toda nuestra a pesar de tantos designios en contra. Y en esas coordenadas de la historia, sigo alrededor de la misma mesa, pidiendo que el tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a mi…

Gualgayoc, 28 de julio del 2006.
Con cariño para los primos Alfredo y Alcides, peruanos del universo.

Por: Alfonso Chunga Ramírez | Los Totorales | Comentarios (0) | Referencias (0)

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