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LAS DOS PIEDRAS

Sábado, 18 de agosto de 2007

PORDIOSEROS 7.8

indudablemente el gobierno tenía responsabilidad política por no haber previsto la construcción de una morgue para 500 cadáveres en Pisco.


Un sismo grado 8 puede ascender a la categoría de damnificado a cualquiera; pero los peruanos siempre tendremos suficiente repertorio como para corregir tales desviaciones y, en menos de lo que tarda un gallo, devolvernos a nuestra habitual condición de pordioseros.

La Ministro del Interior, toda sensible ella, llegó con sus ataúdes a Pisco y así no más, zas, se da de bruces con un impresentable que, moqueo intenso de por medio, le juró que su pobrecita madre siempre quiso que la incineren, así que porfa, doña Lucha, a mi lo del ataúd me lo da en efectivo, aunque también me sirven vales de gasolina. Para lo de la incinerada, usté entiende.

Los reporteros provinciales acusaron súbitos ataques de clarividencia, y concluyeron que indudablemente el gobierno tenía responsabilidad política por no haber previsto la construcción de una morgue para 500 cadáveres en Pisco. Desde luego, el gobierno también era responsable de las réplicas del sismo, y de que los maretazos hayan destrozado las chalupas de los pescadores. Cada una de las imputaciones de irresponsabilidad traía aparejada una apretadita; el limosneo mutó en extorsión mediática.

En el extremo sur de la desesperación, la poblada decidió que un terremoto grado ocho bien legitima el asalto a una farmacia. ¿En busca de analgésicos? ¿Quizá en procura de antibióticos? No, que va. Descendiendo las escaleras al mejor paso que le dieron sus piernas, los terremoteados asumieron su calidad de infelices cargando bolsas repletas de champús, reacondicionadores, perfumes, vitaminas para el muñeco, ampollas antiarrugas, y demás exquisiteces. El Agua de Azahar, para su vergüenza, quedó abandonada en los estantes para probar que ninguno de los damnificados se encontraba preso de algún ataque de nervios.

Lejos de la ciudad, una horda de muertosdehambre, decidió apropiarse de todo lo que llegara al devastado pueblo. Todo sólo para ellos. Avisados de que el sufrimiento ajeno no es verdadero sufrimiento, o en una de esas, de que no había mucho por qué sufrir, asaltaron los camiones portadores de la solidaridad nacional. ¿Se comieron los pescados robados? ¿Se nutrieron con los alimentos saqueados? No. Ni un 7.8 podría conseguir tanto. A las pocas horas podían encontrarse los peces tirados en el arenal. Por qué los solidarios no llegan a entender la pasión provinciana y envían los camiones cargados de lingotes de oro.

Pordioseros, infelices, muertosdehambre. Un cataclismo puede elevarnos por un instante a la categoría de damnificados; pero los peruanos siempre tendremos repertorio para recuperar en menos de lo que tarda un gallo, nuestra habitual condición de menesterosos.

Gualgayoc, 25 de agosto del 2007.

Por: Alfonso Chunga Ramírez | Diatribas | Comentarios (0) | Referencias (0)

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