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LAS DOS PIEDRAS

Domingo, 23 de septiembre de 2007

Un Puente de Coral

Hanuman el Bendecido, sonríe al comprobar que su pueblo seguirá progresando, no por cambiar sus tradiciones, sino precisamente por arraigarse y crecer desde ellas.


Empezando casi el invierno, Hanuman el Virtuoso construyó un puente para que su amigo Ram llegue a Sri Lanka y libere a su amada Sita, quien había sido raptada por el lascivo Ravana. Todas las Itihasas del Ramayana coinciden en reconocer que ese puente, un maravilloso arrecife de coral en el Mar de Sethusamudram, es un altar consagrado al amor, a la amistad, y a la fuerza y la liberación que estos sentimientos inspiran.

16 mil años después, el primer productor de leche en el mundo, potencia universal en la industria informática, y titular de un persuasivo poder nuclear, decidió construir un canal que facilite el comercio de sus productos con el mundo. Del dicho al hecho hay un solo trecho, y ese trecho estaba precisamente en el puente que construyó Hanuman el Humilde. Al fin y al cabo cincuenta kilómetros de coral no tendrían por qué oponerse al desarrollo comercial de un País tan moderno e industrioso. Pero se opusieron.

Un burócrata pagano insertó en el expediente técnico de la obra un informe en el que sostenía que el Ramayana era una buena poesía, pero en modo alguno probaba que Ram exista, o que el arrecife de coral en verdad haya sido construido por Hanuman el Sabio. Enterados los hindúes, vistieron a sus vacas con sus mejores campanas y tomaron las calles de Nueva Delhi. Ramayana en mano sacaron al fresco al burócrata para probarle la veracidad de la existencia de Dios, pero sobre todo, la veracidad de su cólera.

Cuando la ira mística cruzó los colores rojos, Pratibha Devisingh Patil y Dn. Manmohan Singh, Presidenta y Primer Ministro, resolvieron que el canal no era tan importante y que el comercio exterior bien puede tomar otras vías, seguramente más caras, pero respetuosas de la obra de Hanuman el Fuerte.

El arrecife de coral, por ahora, seguirá dando paso, no a los buques comerciales, pero si a Ram en su afán de liberar al amor de su vida. Sentado en una baranda del puente, Hanuman el Bendecido, sonríe al comprobar que su pueblo seguirá progresando, no por cambiar sus tradiciones, sino precisamente por arraigarse y crecer desde ellas.

En la dirección exactamente contrario, y sin el menor afán de moralejear, los que no tenemos puente nos desbarrancamos en pobrezas de todos tipo por desarraigarnos de nuestras tradiciones.

Por: Alfonso Chunga Ramírez | La Ticher | Comentarios (0) | Referencias (0)

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