Domingo, 24 de febrero de 2008
...porque para que te lo sepas, las marchas tienen una estructura, una organización, y sobre todo, una supervisión tipo albañil que te toma del brazo en medio del apuro y te devuelve al penúltimo escalón que es, compañero, el que corresponde a los que han venido con polo naranja. Y por favor no me altere el orden por que me confundo mucho.
La primera mirada de odio que recuerdo es la que me propinó mi padre cuando le pregunté cómo se había hecho ese chichón que tenía en la espinilla. Cada año de los cuarentitantos que han pasado he revisado aquella mirada en busca de una respuesta que no raye en el trauma infantil.
El Registro Público atiende a partir de las 8. Si uno ha hecho su cola desde las 7, puede salir a las 8 y media con su partida imprescindible para ir al Contencioso. Pues no. El registro resolvió dañar el sistema de entrega de boletos para hacer cola así que espérese un momentito que ya lo vamos a arreglar y no se ponga faltoso que un accidente lo sufre cualquiera. Ese momentito terminó como a las once de la mañana.
Con Arequipa y Petit Thouars demolidas, al taxista no le quedó otra que tomar un atajo por Santa Catalina, regresar por México, atravesar Manzanilla, San Jacinto y Renovación para llegar a Abancay con un faro menos y cuarenta minutos más, justo justito cuando pasaba la marcha número 14 contra el TLC.
Con la cantidad de gente que había en las veredas, osé caminar dentro de la marcha y así apretar el paso. Bueno, la teoría parecía buena; porque para que te lo sepas, las marchas tienen una estructura, una organización, y sobre todo, una supervisión tipo albañil que te toma del brazo en medio del apuro y te devuelve al penúltimo escalón que es, compañero, el que corresponde a los que han venido con polo naranja. Y por favor no me altere el orden por que me confundo mucho. Casi le digo que tenía que llegar ahoritita al Contencioso, pero su mirada me recordó la mirada de mi padre con el asunto ese del chichón en la espinilla, así que opté por la preservación de la especie y el aprendizaje de lemas revolucionarios.
Por supuesto no llegué. Desde luego me abatí. Y obvio que necesitaba una cerveza. Y dónde mejor que el “Échele pa echarle” del jirón Puno. Cerveza llama a Cebiche, Cebiche llama echerichas, echerichas llaman a schok anafiláctico y yo terminando en el Policlínico Grau a punto de obtener un color morado muy sentador.
Me aplicaron las sonas y las minas de reglamento, con lo que empecé a respirar muchísimo mejor y a querer dormirme junto a la ambulante que vende tunas en Soyuz. Ya pe tío, toma tu combi y anda duerme a tu cama.
Aturdido y abrumado como el de la Copa Rota, subo presuroso a la combi sin reparar que algún pujante dueño de Pyme había puesto una platina de 6/8 junto a la puerta precisamente para que yo me tropiece y ruede con los nervios destrozados por la ingrata que se fue.
Ya recuperado del incidente, veo que a mi espinilla le ha crecido un chichón enorme. Mi mujer sorprendida me pregunta si no se me habrá caído un huevo, por falta de uso dijo. Traté de repetir la mirada trauma infantil de mi padre para responderle. Espero haberlo logrado.
Gualgayoc, 23 de febrero del 2008.
Por: Alfonso Chunga Ramírez | La Ticher | Comentarios (0) | Referencias (0)