Disfrutando al Perú, los peruanos y las peruanas, en particular.
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Lunes, 21 de abril de 2008
Evolucionando de su tesis del Perro del Hortelano, garcía pérez postula hoy la de un caballo viejo que con la pata mata. El pobre, dice, se rompe los lomos subiendo a la montaña, mientras los ahijados de sus ahijados meten el dedo en el pastel, como si él hubiera dicho alguna vez que la torta es para todos.
Tomar al pie de la letra el discurso presidencial devanea entre la candidez y la temeridad, pero no hay peor paja que la que no se corre. Sobre todo en este caso, cuando ha puesto su mejor cara de yo no fui, yo no soy, y yo no seré, para apuntar con su pie señalador a quienes defraudan la confianza popular.
Apegados a la definición de la RAE: Privar a alguien, con abuso de su confianza o con infidelidad a las obligaciones propias, de lo que le toca de derecho; y/o, frustrar, desvanecer la confianza o la esperanza que se ponía en alguien; postulamos nuestro juicio, que, confiamos, no sea tan particular.
Digamos para empezar, que ordenar a sus congresistas que aprueben un TLC que tanto condenó durante su promesa electoral, fácil pasa como defraudación por parte del presidente. Elevar las bondades de este TLC a la categoría de sonrisa de la Sarita, convierte el fraude en pendejada.
Vetar la derogatoria de la Renta Básica de Telefónica después de haberla condenado a muerte en todos sus mítines de campaña, configura defraudación. Fundamentar ese veto afirmando que cuarenta mangos mensuales es un tributo que no afecta el bolsillo de los usuarios, convirtió el fraude en traición.
Poner a Pilarica de notaria de sus embarazos extramatrimoniales no califica como defraudación. Es más que evidente que la primera dama no abriga ninguna expectativa respecto a su marido. En todo caso, la registramos porque no deja de ser sorprendente que una mujer en su sano juicio tenga estómago para comerse a semejante coche.
Calificar a los campesinos piuranos de terroristas, ignorantes, llamas, por el sólo hecho de defender su propiedad en contra de la agresión minera, empezó directamente como traición. La sostenida alcahuetería presidencial con los intereses de sus patroncitos, los empresarios mineros, empieza en el vómito y se prolonga en un asco perpetuo.
Mantener la asignación presupuestal al Sector Educación por debajo del 4% no comporta defraudación, es traición a la juventud peruana que seguirá condenada a las muchas pobrezas originadas en la ignorancia; deslealtad con los maestros que le dieron su voto; felonía con las madres y padres condenados a perder el talento de sus hijos en los charcos de la mediocridad.
Ofrecer la selva en remate y exigir a los campesinos la venta de su tierra, convierten a Judas, la Malinche y Felipillo en modelos de lealtad comparados con alan garcía, quien con impudicia ejerce su oficio de traidor a tiempo completo.
Si de defraudación se trata. Si de castigar las grandes traiciones al pueblo peruano se trata. Si el afán es demostrar a los ciudadanos, los jóvenes en particular, que la traición es vergonzosa, lo que debemos hacer es subir al cadalso al traidor mayor y llamar a un burro para que le pegue las patadas que se merece. Aunque claro, si lo que el burro va a ver es el sonrosado culo de garcía, no es la pata lo que le va a meter.
Y yo de burro haría lo mismo.
Gualgayoc, 21 de abril del 2008.
Por: Alfonso Chunga Ramírez | Diatribas | Comentarios (0) | Referencias (0)